Conceptos Base de Colaboración

Vanessa Agredo Delgado1,2 y Pablo H. Ruiz1,2

1Corporación Universitaria Comfacauca – Unicomfacauca, Popayán, Colombia

{vagredo, pruiz}@unicomfacauca.edu.co

2Universidad del Cauca, Popayán, Colombia

Resumen:

La práctica colaborativa es en la actualidad fundamental para la forma en que trabajamos, brindamos servicios y producimos innovaciones, generando nuevas ideas y soluciones que surgen a partir de la interacción de perspectivas, experiencia y conocimientos. La colaboración generalmente se refiere a personas u organizaciones que trabajan juntas para abordar problemas y obtener resultados que no se logran fácil o eficazmente trabajando solos. Es más que simplemente compartir conocimientos e información (comunicación) y más que una relación que ayuda a cada parte a lograr sus propios objetivos (cooperación y coordinación). Sin embargo, es un proceso difícil de lograr, y se necesita tener en cuenta un conjunto de elementos adicionales a una simple reunión con un grupo de personas para lograr un objetivo. Es por ello, que aquí se pretende dar un compendio de conceptos base para comprender lo que es la colaboración, lo que se debe considerar para obtener los beneficios necesarios de su utilización, ya que para lograr su construcción es necesario primero entender sus bases conceptuales para luego poder incluirla en las tareas necesarias.

1. Introducción

La colaboración es un proceso en el que las entidades comparten información, recursos y responsabilidades para planificar, implementar y evaluar conjuntamente un programa de actividades para lograr un objetivo común. Puede verse como un proceso de creación compartida, por lo tanto, un proceso a través del cual un grupo de entidades mejoran las capacidades de las demás. Implica compartir riesgos, recursos, responsabilidades y recompensas (Camarihna-Matos & Afsarmanesh, 2008). La colaboración no debe ser entendida como la simple existencia de reuniones conjuntas y esporádicas para tratar temas a resolver en conjunto. Se puede determinar como un conjunto de valores, creencias, normas, conocimientos, destrezas, vivencias, patrones de acción, códigos de conducta, roles, hábitos, modelos de relación, etc. que se pueden compartir en un contexto interactivo especifico (Barfield, 2016). Una condición clave para una colaboración exitosa es la interacción o la comunicación. Sin interacción, los participantes no pueden definir su objetivo, comprometerse con él o sintonizar sus comportamientos hacia el logro de la meta. El «esfuerzo conjunto hacia una meta» abarca todo el continuo de interdependencia que podría caracterizar la colaboración, lo que requiere una interacción recíproca continua (Nunamaker, et al., 1996). La interacción puede tener lugar a través de diferentes medios y canales de comunicación, pero las diferentes tareas requieren diferentes modos de interacción para permitir un esfuerzo colaborativo con propósito (Whitworth, et al., 2000). En segundo lugar, el esfuerzo es otro recurso clave para la colaboración. Cuando los participantes hacen un esfuerzo insuficiente para lograr una meta del grupo, la meta no se logrará. Finalmente, el conocimiento es el tercer recurso crítico para la colaboración, cuando los participantes no quieren compartir su experiencia y expandir sus recursos de conocimiento hacia la meta del grupo, es poco probable que se logre un resultado de alta calidad. Dado que tanto el conocimiento como el esfuerzo son recursos que pertenecen a los participantes en el proceso de colaboración, el éxito de un proceso de colaboración depende de la voluntad de los participantes de dedicar sus recursos (tiempo, esfuerzo, conocimiento, canales de interacción, recursos físicos) al objetivo del grupo. Debido a que el éxito colaborativo depende de la voluntad de sus participantes, tiene un elemento intrínseco impredecible, que lo convierte en una actividad o tarea compleja (Kolfschoten, et al., 2010). Es evidente que la colaboración es un proceso difícil y para su éxito dependen de una serie de requisitos entre ellos: la colaboración debe tener un propósito, generalmente traducido a una meta conjunta o un problema a resolver; no basta con que los participantes tengan sus propios objetivos individuales; las partes acuerdan mutuamente colaborar, lo que implica aceptar compartir; las partes mantienen un modelo de las capacidades de los demás; las partes comparten un objetivo y mantienen una visión común durante el proceso de colaboración hacia el logro del objetivo común y finalmente, las partes mantienen una comprensión compartida del problema en cuestión, lo que implica discutir el estado de su progreso (Camarihna-Matos & Afsarmanesh, 2008). En este sentido, en la actualidad, desde distintos contextos profesionales se viene planteando la necesidad de configurar una cultura profesional caracterizada por la colaboración. Esto es, una cultura donde tenga cabida la apertura, la comunicación, el trabajo compartido, el intercambio de prácticas profesionales, la reflexión colectiva, la búsqueda conjunta de soluciones a problemáticas, las preocupaciones e intereses profesionales compartidos, etc. Es por ello, que aquí se pretende dar un compendio de conceptos base para comprender lo que es la colaboración, lo que se debe considerar para obtener los beneficios necesarios de su utilización, ya que para lograr su construcción es necesario primero entender sus bases conceptuales para luego poder incluirla en las tareas necesarias.

2. Fundamentos Teóricos de la colaboración

2.1 Definiciones

El término colaboración proviene de la palabra latina “collaborare”. Collaborare significa «trabajar con», que es derivado de com, que significa «con» + labore, que significa «trabajar». Por lo tanto, los esfuerzos de colaboración son conjuntos, más que individuales. Si los esfuerzos de colaboración son conjuntos, entonces deben dirigirse hacia un objetivo grupal, donde una meta es un estado o resultado deseado (Locke & Latham, 1990). La colaboración involucra a múltiples personas que combinan sus esfuerzos para lograr los resultados deseados mutuamente. En este sentido, colaboración se define como un esfuerzo conjunto hacia un objetivo grupal (de Vreede & Briggs, 2005)(Vreede y Briggs, 2005).

La colaboración es una de las habilidades clave del siglo XXI, que es un requisito previo para trabajar y actuar en la sociedad del aprendizaje (Binkley, et al., 2012). Las habilidades del siglo XXI giran en torno a las 4 C, a saber: pensamiento crítico, creatividad, comunicación y colaboración (Quashigah, 2017).

Existen diferentes definiciones sobre colaboración entre ellas:

  • Roschelle (1992) enmarca la colaboración como un ejercicio de convergencia o construcción de significados compartidos y señala que la investigación sobre el análisis conversacional ha identificado características de interacciones que permiten a los participantes alcanzar la convergencia a través de la construcción, monitoreo y reparación del conocimiento compartido.
  • Roschelle y Teasley (1995) definen la colaboración como “… una actividad coordinada y sincrónica que es el resultado de un intento continuo de construir y mantener una concepción compartida de un problema”.
  • Lay (2011) define la colaboración como el compromiso mutuo de los participantes en un esfuerzo coordinado para resolver un problema juntos, donde las interacciones colaborativas se caracterizan por objetivos compartidos, simetría de la estructura y un alto grado de negociación, interactividad e interdependencia.
  • Harasim et al (2000) definen que es cualquier actividad en la cual dos o más personas trabajan de forma conjunta para definir un significado, explorar un tema o mejorar competencias.
  • Gros y Adrián (2004) definen como un proceso de constante interacción en la resolución de problemas, elaboración de proyectos o en discusiones acerca de un tema en concreto; donde cada participante tiene definido su rol de colaborador en el logro de conceptos compartidos, y donde existe un orientador y mediador, garantizando la efectividad de la actividad colaborativa.

2.2 Diferencias entre colaboración y cooperación

Investigadores como Dillenbourg et al. (Dillenbourg, et al., 1996), Roschelle y Teasley (Roschelle & Teasley, 1995) coinciden en que es importante hacer una distinción entre cooperación y colaboración. El trabajo cooperativo se centra más en la dimensión procedimental de la competencia de un coordinador de una actividad, quien el desarrollo de la sesión, actividades, secuencia, tiempos y productos. Son acciones intencionales para lograr resultados. Por ejemplo, el coordinador propone un problema e indica qué debe hacer cada miembro del grupo, siendo cada uno responsable de la solución parcial del problema. Es él quien diseña y mantiene casi en su totalidad la estructura de interacciones y los resultados que se deben obtener (Panitz, 1999). En otras palabras, la responsabilidad de los resultados de la actividad depende del coordinador. De la misma manera, el trabajo cooperativo se puede definir como «trabajar juntos para lograr objetivos compartidos».

Si bien el trabajo colaborativo es una expresión de la cultura de colaboración y le da al participante la responsabilidad de adquirir diferentes habilidades. Sin embargo, en esta situación, el trabajo del coordinador sigue existiendo. De hecho, la responsabilidad es aún mayor que en el trabajo cooperativo ya que es el coordinador quien debe diseñar y articular previamente las actividades. Un claro ejemplo de trabajo colaborativo es el que promueve la metodología de la actividad basada en proyectos en los que, luego de la planificación, se hace evidente la interdependencia de los miembros del grupo de trabajo, respetando los intereses y habilidades de los miembros y donde la responsabilidad por el producto elaborado es de todos los miembros del equipo (Blasco Magraner & Bernabé Valero, 2013). De la misma forma, el trabajo colaborativo es “un método que implica trabajar en grupo de dos o más para lograr un objetivo común, respetando el aporte de cada individuo al conjunto” (Roberts, 2004).

La diferencia clave entre estos enfoques para el trabajo en grupo es que la cooperación se centra más en trabajar juntos para crear un producto, mientras que la colaboración exitosa requiere que los participantes compartan el proceso de creación de conocimiento (Dillenbourg, et al., 1996), (Roschelle & Teasley, 1995). En otras palabras, la cooperación se puede lograr si todos los participantes hacen sus partes asignadas por separado y traen sus resultados a la mesa; La colaboración, por el contrario, implica la interacción directa entre los individuos para producir un producto e implica negociaciones, discusiones y acomodación de las perspectivas de los demás (Kozar, 2010).

En el mismo sentido, Para Gómez y Acosta (2003) la meta de los grupos de trabajo es compartir información, mientras que las de los equipos es el desempeño colectivo, lo que conlleva en los grupos a una responsabilidad individual, en tanto que en los equipos la responsabilidad es individual y colectiva. En cuanto a las habilidades, en los grupos estas son aleatorias (es decir, casuales) y variables, mientras que en los equipos son complementarias. La diferencia principal que señala es que “un equipo de trabajo genera una sinergia positiva a través del esfuerzo coordinado”, mientras que un grupo se limita a lograr determinados objetivos (Murcia, 2006).

2.3 Ventajas y desventajas

La colaboración aporta numerosas ventajas, especialmente en lo que se refiere a la productividad, debido a que los conocimientos y aptitudes de los miembros incrementa su fuerza y lleva al éxito a la actividad que se está desarrollando (Resnick & Bonner, 2003).

Entre las ventajas más destacables se destacan las siguientes:

  • Incrementa de manera considerable la calidad del trabajo
  • Se consigue llegar a unas mejores ideas, decisiones y soluciones
  • Favorece la imaginación y la creatividad
  • Todos los miembros se sienten involucrados en el proyecto o en la actividad a desarrollar. La colaboración efectiva involucra a la mayoría o todos los intereses involucrados en un tema. Esto aumenta la probabilidad de que se invite a participar a intereses importantes, en particular los de comunidades tradicionalmente desfavorecidas o subrepresentadas
  • Fomenta el desarrollo de las relaciones interpersonales positivas y cooperativas
  • Aporta una mayor seguridad a aquellos miembros que en principio se sienten más inseguros
  • Promueve la fluidez en la comunicación entre todas las partes. Dado que la colaboración enfatiza el intercambio de ideas, opiniones y, a veces, recursos, puede mejorar la integración y la coordinación entre las partes.
  • Ofrece la oportunidad de mostrar las fortalezas y virtudes individuales
  • Incrementa el compromiso de todos los miembros del equipo
  • Al compartir tareas y responsabilidades, el nivel de estrés se reduce
  • Mejora del desempeño y calidad del trabajo, lo cual aumenta la productividad
  • Potencia el esfuerzo por alcanzar los objetivos establecidos
  • Permite finalizar cada proyecto o tarea de manera mucho más rápida y ágil
  • Fomenta el respeto mutuo entre todos los miembros
  • Al involucrar a diversos expertos, un organismo colaborativo puede llegar a un acuerdo más informado y asesorar a los tomadores de decisiones en consecuencia. Del mismo modo, la diversidad de perspectivas, la transparencia y la apertura inherentes a la colaboración tiende a fomentar el pensamiento creativo, que también puede conducir a mejores y más informadas decisiones.
  • Las partes que trabajan en colaboración a menudo surgen y resuelven las diferencias a medida que surgen, evitando así el conflicto o al menos mitigando su impacto en el futuro
  • La colaboración puede mejorar y facilitar la implementación de una decisión. Si las partes interesadas se sienten comprometidas con una decisión, estarán interesadas en su implementación. También pueden aportar el conocimiento que obtuvieron durante el proceso de colaboración para influir en las decisiones relacionadas con el monitoreo, la aplicación y otros temas

Entre las desventajas de la colaboración se tiene (Tang & Hsiao, 2013):

  • Una de las desventajas es la falta de tiempo. Para un equipo, no solo necesitan terminar su propio trabajo, sino también dedicar tiempo a comunicarse y responder a las modificaciones y necesidades presentadas por sus demás compañeros
  • Las diferencias en los antecedentes, experiencias, conocimientos de los colaboradores, esto causa la dificultad de entenderse, de apoyar ideas que no se tienen conocimientos, de coordinar reuniones para trabajar en grupo
  • Existen personas que sobresalen por encima de otras, tratando de imponer sus ideas y formas de trabajo, lo que puede generar conflictos o la insatisfacción de los participantes con las actividades realizadas por lo que no participan y no comparten sus ideas
  • Decisiones prematuras, lo cual puede suceder cuando la primera opinión del equipo recibe apoyo suficiente y se acepta sin valorar otras posibilidades, aun cuando esto se deba más a una presentación convincente que a una solución verdadera y a largo plazo. El conformismo puede afectar la calidad de las soluciones que surgen en un equipo.

2.4 Componentes y principios

En la colaboración, los participantes trabajan en grupos desarrollando roles que se relacionan, complementan y diferencian para lograr una meta común. Para lograr colaboración se requiere de una tarea mutua en la cual los participantes trabajan juntos para producir algo que no podrían producir individualmente, o que tardarían más tiempo en lograrlo. Los elementos básicos de la colaboración son (Bronstein, 2003):

  • Una meta común
  • Definición y asignación de roles: define el papel que cada integrante debe ejercer dentro del grupo, siendo un rol un conjunto de patrones de comportamiento esperados y atribuidos a alguien que ocupa una posición determinada en una unidad social, definiendo a su vez las responsabilidades del individuo a favor de un grupo
  • Interacción: se refiere a la acción continua y permanente entre los miembros del equipo y que hace posible el proceso de comunicación e intercambio de información, ideas, percepciones, etcétera. A partir de la interacción se confronta, se negocia, se reflexiona y se toman decisiones para la solución del problema
  • La participación: retroalimenta y motiva la interacción y es elemento clave para que el participante sea un sujeto activo, consciente y comprometido con la construcción de su conocimiento, sino también por la participación que favorece el desarrollo del pensamiento crítico y creativo, los sentimientos y una conducta personal y social acorde con valores altamente apreciados
  • La corresponsabilidad: se refiere a que cada grupo debe ser pequeño, y en él cada miembro se compromete y responsabiliza tanto de sus actividades como de los restantes miembros de su grupo. Lo cual implica establecer una relación con el compromiso individual y colectivo que asume y demuestra cada integrante al participar y contribuir de manera individual al trabajo grupal
  • Interdependencia positiva: hace referencia a cuando los participantes comprenden y sienten que el éxito en la tarea planteada solo es alcanzable si cada miembro del grupo tiene éxito de forma individual, lo cual mejora enormemente la calidad del proceso y refuerza la verdadera esencia de la colaboración
  • Normas claras
  • Un sistema de coordinación
  • Habilidades personales y de grupo
  • Autoevaluación del grupo

2.5 Ingeniería de la colaboración

La ingeniería de colaboración (CE por sus siglas en ingles Collaboration Engineering) es un enfoque para crear un apoyo de colaboración sostenido mediante el diseño de prácticas de trabajo colaborativo para tareas recurrentes de alto valor y la implementación de esos diseños para que los profesionales los ejecuten por sí mismos sin el apoyo continuo de los profesionales de la colaboración (Robert , et al., 2006).

CE tiene como objetivo proporcionar algunos beneficios de la facilitación profesional a grupos sin acceso a profesionales de la colaboración. Los investigadores de CE, por lo tanto, buscan abordar dos desafíos clave: 1) desarrollar una comprensión más completa de cómo los equipos realizan sus tareas al pasar por varios patrones de colaboración y cómo estos patrones pueden invocarse de manera predecible, y 2) desarrollar una mejor comprensión de cómo los diseños de colaboración pueden transferirse a los profesionales de la colaboración de manera que resulten en comunidades de práctica crecientes y autosuficientes.

2.5.1 Patrones generales de colaboración

Los investigadores de CE utilizan patrones generales de colaboración para clasificar las actividades grupales en función de los cambios de estado que producen. Los patrones de colaboración caracterizan las formas en que las actividades grupales pueden llevar a un grupo hacia su (s) objetivo (s). El trabajo inicial en Ingeniería de colaboración identificó cinco patrones generales de colaboración. Para lograr sus objetivos, un grupo podría divergir, converger, organizar, evaluar y generar consenso (Briggs, et al., 2003), (de Vreede & Briggs, 2005). Sin embargo, las discusiones entre investigadores y profesionales revelaron que las etiquetas divergen y convergen engendran confusión (Cambiando por generar y reducir), que la definición de construcción de consenso (Cambiando por generar consenso) era inconsistente con las nuevas ideas teóricas. Los investigadores identificaron varios sub-patrones para los seis patrones generales que se enumeran a continuación:

  • Generar: pasar de tener menos a tener más conceptos en el conjunto de conceptos compartidos por el grupo
  • Reducir: pasar de tener muchos conceptos a centrarse en menos conceptos que el grupo considere dignos de mayor atención
  • Aclarar: pasar de tener menos a tener una comprensión más compartida de los conceptos y de las palabras y frases que se utilizan para expresarlos
  • Organizar: pasar de una comprensión menor a una mayor de las relaciones entre los conceptos que el grupo está considerando
  • Evaluar: pasar de una comprensión menor a una mayor comprensión del valor relativo de los conceptos en consideración
  • Generar consenso: pasar de tener menos a tener más miembros del grupo que estén dispuestos a comprometerse con una propuesta

Aunque este esquema de clasificación pretende ser exhaustivo, no es taxonómico. Con frecuencia, una sola actividad grupal producirá más de uno de estos patrones. Este esquema es útil porque tiene varios propósitos. Primero, sus conceptos sirven como bloques de construcción de alto nivel para el diseño de procesos de colaboración. En segundo lugar, es un esquema útil para seleccionar entre técnicas de procesos grupales (Robert , et al., 2006).

2.6 Monitoreo y evaluación de la colaboración

Collazos et al. en (Collazos, et al., 2014) plantean que para que un proceso de colaboración sea efectivo se deben seguir ciertas pautas y se deben definir algunos roles, sin embargo, la definición de estos lineamientos y roles no garantiza que la colaboración se lleve a cabo de manera eficiente. Para que esto suceda, es necesario definir un esquema de colaboración, donde el coordinador sepa cuándo y cómo intervenir con el objetivo de mejorar el proceso de colaboración. Por ello, es importante no solo considerar el diseño estructural del espacio de colaboración, el conjunto de actividades que definen la tarea colaborativa, variables que pueden influir en la colaboración (composición grupal, género, etc.), uso de diversos dispositivos de interacción, sino también es importante comprender el proceso colaborativo que se da al desarrollar una actividad colaborativa. Una forma de entender este proceso es modelarlo, monitorearlo y evaluarlo (Scagnoli, 2005).

Uno de los principales problemas que debe resolver el coordinador de la actividad en un esquema colaborativo concierne a identificar cuándo intervenir y saber qué decir (Katz & O’Donnell, 1999). Se hace necesario que el coordinador pueda monitorear no solamente las actividades de un solo participante, sino las actividades de los compañeros de grupo, fomentando algún tipo de interacción que pueda influenciar en el desarrollo de habilidades colaborativas, como dar y recibir, ayudar, y recibir retroalimentación e identificar y resolver conflictos o desacuerdos (Dillenbourg, et al., 1996). Es importante mencionar que tanto el cómo y cuándo intervenir, al igual que el cómo evaluar, son aspectos que difícilmente podrían ser realizados en forma eficiente si se trabajara de una manera manual, sobre todo tomando en cuenta que el facilitador podría estar cooperando con varios grupos al mismo tiempo en un mismo lugar. El uso de herramientas computacionales permite simular situaciones que serían imposibles en el mundo real. Algunas de estas tareas consisten en tener un seguimiento de las actividades de los participantes, las cuales pueden ser revisadas para mejorar las estrategias de resolución de problemas. Por esta razón, el monitoreo realizado a través de herramientas computacionales puede dar datos más exactos acerca del desempeño de las personas (Collazos, et al., 2014).

Según un estudio realizado por Collazos et al. (Collazos, et al., 2014) sobre el monitoreo y evaluación del proceso colaborativo, se definieron 5 indicadores, los cuales se refieren a: Aplicación de estrategias: que busca captar la capacidad de los integrantes del grupo para generar, comunicar y aplicar consistentemente una estrategia para que puedan resolver el problema de forma conjunta. Cooperación intergrupal: corresponde a la aplicación de estrategias colaborativas previamente definidas durante el proceso grupal. Revisión de criterios de éxito: mide el grado de participación de los miembros del grupo en el proceso de revisión de roles, las pautas y los límites de actividad. Monitoreo: Se entiende como una actividad regulatoria, donde su objetivo es observar si el grupo mantiene la estrategia seleccionada para solucionar el problema, enfocándose en la consecución del objetivo y el cumplimiento de los criterios de éxito. Desempeño: El cual se mide en 3 factores: logro de objetivos, errores cometidos y actividades realizadas. Por lo tanto, el trabajo se medirá por el número total de mensajes enviados por los miembros del grupo.

Por otro lado, según (Johnson & Johnson, 1990) la disponibilidad de mecanismos de monitoreo para los participantes dentro de una actividad grupal puede ser muy útil para identificar personas con baja participación o grupos con una distribución desequilibrada de tareas. Este proceso de identificación, a su vez, permitirá al coordinador de la actividad intervenir cuando lo considere oportuno y, de esta forma, mejorar el proceso colaborativo; la disponibilidad de herramientas informáticas puede brindar datos más precisos sobre el desempeño de las personas. Por lo tanto, una forma de evaluar la efectividad del grupo es monitorear, observar y evaluar las interacciones entre los miembros del grupo. Esto permite que el coordinador de la actividad y los demás participantes obtengan una comprensión de la calidad de las interacciones entre cada miembro de los respectivos grupos y su progreso en el desarrollo de la tarea (Dillenbourg, et al., 1996) (Webb & Palincsar, 1996).

2.6.1 Evaluación

Evaluar un grupo es una tarea difícil y el coordinador debe tener una idea clara de cómo quiere evaluar el trabajo en grupo. Primero, el coordinador debe decidir qué se está evaluando: el producto final, el proceso o ambos. Además de definir si la evaluación será individual, grupal, o integrada. Si se va a evaluar el aspecto del proceso, es importante darles a los participantes la oportunidad de evaluar la efectividad de su grupo. Al final del proceso, deberían poder enumerar sus contribuciones, las contribuciones de los miembros de su grupo y el proceso en su conjunto. Deben ser capaces de identificar los aspectos que funcionaron y los aspectos que no funcionaron. La evaluación grupal del participante permite al coordinador evaluar el proceso grupal y aplicar los métodos más efectivos a futuros proyectos grupales (Burke, 2011).

En el aspecto de la evaluación, es vital que los participantes sepan y comprendan cómo serán evaluados. Un método utilizado para transmitir esta información es con una rúbrica de calificación estructurada. Una rúbrica es una herramienta de calificación que enumera los criterios por los cuales se calificará un trabajo o una presentación. La rúbrica enumera, no solo los criterios por los cuales se juzga el trabajo, sino también el dominio del material por parte del participante (Finson & Ormsbef, 1998). Stevens y Levi (Stevens , et al., 2005) abogan por el uso de rúbricas porque: transmiten expectativas a los participantes, los ayudan a enfocar sus esfuerzos, mejoran el rendimiento, reducen el tiempo de calificación y mejoran la efectividad de la retroalimentación.

Si el coordinador está interesado en evaluar el proceso grupal y el producto final, se deben crear dos rúbricas separadas. Para el proceso, los criterios de evaluación deben representar los objetivos de la sesión y para el grupo. La evaluación del proceso puede incluir: asistencia y participación en reuniones, habilidades de gestión del tiempo, escucha activa, evidencia de comportamiento colaborativo, profesionalismo y compromiso con la tarea. Para evaluar la eficacia del producto, podría ser necesaria una rúbrica de clasificación más concreta. Los criterios pueden describirse en función del contenido, la estructura, la organización, la precisión, la minuciosidad y la mecánica general. Las rúbricas pueden ser útiles tanto para los participantes como para los coordinadores; describen las expectativas y permiten a los instructores asignar calificaciones sobre una base más objetiva. Las rúbricas proporcionan un desglose detallado de los puntos que se otorgan para cada criterio y cómo se otorgan esos puntos. Además, las rúbricas son útiles más allá de la calificación; también ayudan a los participantes a conceptualizar la tarea (Mckeown, 2011).

3. Referencias

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